28 enero 2007

Y llegó "Destroyer"

Los meses siguientes a la compra me los pasé mirando presupuestos para las obras en el piso. Ilusa de mí, pensé que a razón de los metros cuadrados así iban a ir los precios. Treinta metros cuadrados es poca superficie, ¿no? qué me podía costar: unos 12.000 euros.... Ja! El primer presupuesto y en la frente: me pedían 42.000!!!! Es cierto que pedí algún caprichín pero pedir 42.000 euros me pareció una vergüenza. Los siguientes presupuestos bajaron considerablemente pero, de todas maneras, se mantienen por los 25.000 euros.
¿La solución? Ir arreglando el piso poco a poco y nada de tonterías. Lo básico (aunque de calidad) y ya está... y lo que podamos hacer nosotros, hacerlo.
Y esta última idea se quedó clavada en la mente de mi padre y la llevó al extremo. Así que una mañana se fue al piso con una pica y un martillo y se dedicó a "destrozarme" el piso. Tiró a bajo la barra americana, me quitó los azulejos y muebles de la cocina y del baño, hizo desaparecer el doble escalón de la habitación, me raspó el estucado de las paredes,... Así se pasó, prácticamente una semana. Y no entraba en razones. De nada servía decirle que no nos íbamos a beneficiar por el palizón que se estaba metiendo, que si quería compraba una especie de martillo eléctrico para ahorrarle el esfuerzo... Nada. Le dejé hacer y lo hizo.
Ahora nos encontramos con un problema, ¿qué hacer con toda la runa acumulada? La respuesta sencilla sería bajarla, claro; pero ¿cómo?. Me negué en redondo a que la bajase a peso por las escaleras y menos que lo hiciera con la polea que tenemos en la terraza. No más esfuerzos.
Conclusión que hasta que no empiecen las obras, mi piso parece un campo de batalla todo lleno de escombros.
Le estoy sumamente agradecida a mi padre, claro está, pero reconozco que se pasó un poco. Las obras no podían empezar inmediatamente porque yo no dispongo del dinero y ahora mi piso parece Sarajevo.
"Destroyer" llegó, vió y venció.
Siempre guardaré en mi mente la imagen de mi padre con el pelo y la cara llena del polvo que desprende el yeso, con el martillo en una mano y la pica en la otra, con su pantalón de chándal azul de "ir a por faena" y sonriendo porque, aunque le supuso una paliza, lo hacía encantando porque era el piso de su hija. Es increíble lo que un padre puede hacer por un hijo. Ese es el verdadero amor incondicional. Todos deberíamos ser capaces de sentirlo alguna vez.

15 enero 2007

La compra de un minipiso

Tras el abandono por parte del que fue mi pareja durante 9 años, decidí no quedarme llorando en casa y ser la dueña de mi propio destino y ¿qué hice? ME COMPRÉ UN PISO. Fue una decisión que no medité demasiado, la verdad, pero no me arrepiento para nada. He encontrado un piso que me encanta. Bueno, si soy sincera, me he comprado un minipiso de 30 metros cuadrados. Tanto criticar a la ministra Trujillo y sus minipisos y yo soy propietaria de uno de ellos.
Pero pensémoslo con calma, si una familia de cuatro miembros viven en un piso de 70 metros cuadrados (como hemos sobrevivido mi familia y la mayoría de las familias de clase media-baja), ¿cuántos metros cuadrados tocan para cada uno? No llegan a 20, yo tengo para mí sola 30 metros cuadrados (consuelo tonto, lo sé, pero quién no se consuela....).
Supongo que me decidí por él porque lo que vi, durante los meses que estuve buscando, hacía que tanto a mi padre como a mí se nos cayese el alma a los pies. Qué pisos y a qué precios!!!
Y una tarde, mi minipiso entró en mi vida. Me gustó nada más verlo, a pesar de que parecía más un picadero que un piso. Su único ambiente (me lo vendían como un loft ja,ja,ja!!!), su barra americana, el lavabo de color de rosa, la cama situada en un doble escalón semicircular y una decoración ochentera... la opinión mayoritaria fue que parecía el piso "de una querida" como dijo mi madre. Pero me lo quedé, porque supe que era mío. Quizá en otra vida fui "una querida" y me encontraba como en casa.... hasta ahora no lo había pensado....
¿Qué me hizo decidir por él si es un piso que no tiene espacio para colocar una mesa y unas sillas, si no tiene ascensor, si en el dormitorio no me cabe ni un armario? Fácil, me enamoró la terraza que tiene y que mide 20 metros cuadrados (¿te das cuentas que mide casi lo mismo que el piso?, observó mi perspicaz madre).
Tengo que reconocer que hay que hacer muchas obras en el piso, que necesita un lavado de cara total pero poco a poco...
De todas maneras, sé que no puedo quejarme porque he podido comprarme un piso y lo he podido hacer sola. Circunstancias laborales me lo permiten pero me he quedado con aquello que he podido pagar y no he buscado ni pisazos ni grandes lujos. Soy afortunada, lo reconozco, pero mi esfuerzo me ha costado y me costará.
He creado este blog para recopilar las cosas que pasen en mi vida a partir de ahora y que tengan mucho que ver con mi minipiso y otras que no tanto. Será como un cuaderno de bitácora de este "viaje" que será la búsqueda de mi independencia.